George Grosz. Eclipse of Sun. 1926. Oil on canvas. 210 x 184 cm. Heckscher Museum, Huntington, NY, USA .
"El presidente del globo terrestre está en el retrete Dadá" [firmado por el Consejo Dadá por la Revolución Mundial: Tzara, Grosz, Janco, Arp, Jung...]

martes, 6 de abril de 2010

¿Prosperidad Democrática?


Por Ojitos de Clavo

Seguro que en días posteriores a las elecciones parlamentarias la mayoría de los colombianos hemos escuchado regularmente la frase: “De la seguridad a la prosperidad democrática”. Se trata, al menos como slogan, de la frase de campaña del candidato presidencial Juan Manuel Santos. La expresión, me niego a creer que sea una idea o un concepto sacado del pobre ideario político del candidato, plantea varios interrogantes que quiero traer a colación; interrogantes que aluden no sólo al valor conceptual de la frase, sino a la rigurosidad y cualidad política de quien la exhibe y explota.

En primer lugar, no entiendo en términos del ideario político moderno la frase: prosperidad democrática. De entrada la expresión se muestra redundante, en tanto, el ideal democrático moderno entraña una prosperidad de comportamientos y prácticas concretas como la confrontación política, la participación o la sana contienda; en ese sentido, el ideal democrático, si se trata de verlo como tal, contempla un tipo de prosperidad que resulta innecesario hacer explícito. El análisis será escueto, pero revela también que dicho eje de análisis es inapropiado en este caso, pues, intuyo, que la expresión plantea una intención que no está del lado de la rigurosidad conceptual, ni del cumplimiento del ideal normativo democrático, sino de la utilidad y oportunismo lexical (si puede llamarse así) del enunciado. Como su portavoz, en términos ideológicos y políticos la frase es vacua, su valor, si es que lo tiene, proviene de su impacto mediático y politiquero. Pero vamos por partes.

En segundo lugar, podríamos pensar, la prosperidad democrática alude a la llegada (por fin) de una abundancia de valores democráticos luego de un periodo de carencia de estos. Cosa que, atendiendo al presente de la política colombiana, se me hace extraño pues el propietario del slogan se muestra como continuador y garante de las políticas de mano dura del gobierno que culmina este año. ¿Venimos entonces de un periodo de carencia democrática? No me cabe duda de que sí: infiltraciones del narcotráfico y el paramilitarismo en la política y los partidos, altos niveles de corrupción en las instituciones del gobierno (de los escándalos del Agro Ingreso seguro a las chuzadas del DAS, entre muchos otros), las dificultades y traspiés en la política exterior y la diplomacia regional, y a mi criterio lo más grave, la polarización ciudadana alrededor de la imagen de un gobierno que regaña, se encrespa y hace la guerra por todo. En palabras de María Jimena Duzan, en su columna de Semana.com el viernes 2 de abril: “En estos doce años nuestro imaginario cultural se ha ido construyendo con base en percepciones que se han vuelto verdades, así no lo sean. Esos postulados, derivados en su gran mayoría de la seguridad democrática, nos han vuelto una sociedad más uniforme y por lo tanto menos tolerante; una sociedad más segura pero políticamente primaria -el único discurso permitido es el que habla de acabar al enemigo, las Farc, y a todo el que esté con él-; y una sociedad aparentemente más exitosa pero más corrupta”[1].

Si se trata de dotar de sentido al slogan como promotor de un nuevo tiempo y oportunidad para la democracia colombiana, lo que hace este es evidenciar las desventajas de una forma de gobierno que, de continuarse como lo promueve el aspirante a caudillo, es una total mentira y el augurio de un nuevo fracaso democrático. ¿Cómo lograr prosperidad democrática de esa manera? En esta segunda oportunidad la frase pierde credibilidad y se deslegitima pues hace evidente su defecto de base.

En este punto, y pudiendo esbozar otras alternativas de interpretación, me inclino por las opciones que creo, “calzan” mejor con la consigna analizada. Palabras más, palabras menos, la expresión como frase de campaña, no es más que un juego de palabras que busca una ganancia electoral a partir de una política como la seguridad democrática que, entre otras cosas, no conserva con el slogan conexión política directa. ¿Cómo se pasa directamente de un paradigma de seguridad nacional a un modelo político de prosperidad democrática? Tendrían que explicarnos, por ejemplo, qué mediaciones serían necesarias entre ambos extremos. No las veo. ¿Acaso seguir dando bala?, ¿negarse a la implementación de mecanismos para la solución negociada del conflicto?, ¿insistir en la necesidad de alimentar el antagonismo político que lleva a la aniquilación y exterminio del otro?, ¿alimentar la confianza inversionista y la cohesión social, que, para ser honestos, son, al menos la segunda, una débil idea de ejercicio ciudadano de base? (todos cohesionados contra el enemigo, de ahí que sea productivo ser un informante). ¿Por qué sería la seguridad, la vía que nos llevaría a la prosperidad? Porque no creo que la idea del señor Santos sea de la emprender un camino diferente. A los colombianos, se nos olvida que una sociedad construida sobre la seguridad, no es más que una sociedad soportada en el miedo y, no veo, en el miedo colectivo prosperidad alguna. De allí que la frase no tenga, reitero, valor político, ni democrático.

La frase de campaña de Juan Manuel Santos, está hecha a la medida y temperamento del candidato. Todo lo suyo es así: ligero, oportunista, confuso política e ideológicamente y mediático hasta más no poder. Lo preocupante de ello, es que resulta fácil convertir el juego de palabras de la prosperidad en una aparente realidad: Si la prosperidad democrática es una nueva etapa del paradigma de seguridad nacional, ¿cómo entenderlo cuando las condiciones de seguridad del país siguen en una inmensa tensión, y de paso, cómo entender la prosperidad democrática atada a un paradigma de seguridad tan radical que sin mayor esfuerzo devela una inmensa carencia de valores democráticos enraizados en nuestra precaria cultura política? Detrás de la frase del señor Santos, lo único que habita es la confusión y la imprecisión, porque, pensemos por ejemplo, en cómo medir el impacto de la llamada prosperidad democrática. ¿Cómo cuantificar esa llamada prosperidad? Es el mismo dilema al que se ve enfrentado, evocando la crítica de Adela Cortina al respecto, el llamado Estado de Bienestar, en tanto, dicha noción entraña un alto componente subjetivo que relativiza las significados del bienestar. Si al respecto opta por hablarse de un Estado de necesidad (la salud, la educación o el mínimo básico, son indicadores concretos de ello) más que de un bienestar, la idea de un Estado de prosperidad revela un engaño semejante.

En otras palabras, el simil “recargado” del slogan con la política más representativa del actual gobierno devela la pobreza latente detrás del rostro retocado del candidato presidencial. No cabe duda, de que esa desnudez no es ya la de “la carnita y los huesitos”, sino la del oportunismo de un “líder” apagafuegos, lo cual nos hace pensar en las grandes debilidades de dicha opción presidencial y de la forma artificiosa como se han fabricado sus fortalezas. Si los detractores de un candidato como Antanas Mockus, hablan de que en su caso la imagen del académico rompe o se muestra incompatible con la del Estadista, cosa que no comparto, que digan ahora cómo compaginar el artificio mediático y político de Santos con la figura de hombre de Estado. Y no me digan, que con tener la habilidad para mirar a la cámara y leer un comunicado es suficiente, pues que recuerde, la elocuencia del candidato en su otrora función ministerial, se redujo a eso: la regular habilidad para leer cosas escritas y hechas por otros. Su capacidad de liderazgo, no me cabe duda entonces, es un artificio, como su lema de campaña y como sus actuaciones públicas, la más reciente en la semana santa payanesa en la que posando como carguero de viernes santo, pretendía dar muestra de su capacidad para emprender calvarios. Se nota que en el caso del candidato, la procesión no va por dentro. Tampoco la prosperidad que promete. Sugiero al candidato un nuevo eslogan: de la inseguridad al jaque democrático.