Por Ojitos de Clavo
Resulta inevitable por estos días escuchar y leer toda clase de comentarios a propósito de la visita del cardenal Ratzinger a Centroamérica: Preguntas del por qué de su visita a los dos países escogidos (Aún en las escrituras, Dios y sus representantes proceden siempre por exclusión), de las profundas diferencias entre las visitas de Juan Pablo II y las de éste; de la altura de ciudad de México que afecta la respiración del Papa -una ciudad y un país con una historia y tradición cultural tan rica y colorida: Villa, Rivera, Kahlo, Chavela, Monsivais… Nunca el Papa estará a esa altura- o del maravilloso saludo del cardenal, debo decir del jefe del Estado Vaticano, al gobierno castrista con la frase que “reza”: “El marxismo es una ideología caduca”.
Lo cierto es que el papa y su papamóvil recorrieron por minutos las calles de Guanajuato, para después parquear en el parque Bicentenario de León donde el sumo pontífice celebraría la tradicional homilía de domingo esta vez de frente (o de espaldas mejor) a la virgen de la Guadalupe y no de la siempre concurrida plaza de San Pedro. Su nicho. Su cubil.
Hasta ahí todo muy bien. Mucho aplauso y mucho fervor. Empero, ¿Qué dijo el papa? ¿Se limitó a sus rezos y bendiciones? El periodista del New York Times, Damien Cave, no se interesa propiamente por lo que dijo, pero sí por lo que lo que algunos intelectuales y sectores de la oposición política del gobierno de Calderón, consideran el sentido o la intención de la visita del Jefe de estado (es más sensato llamarlo así, suena menos extraterrestre): multiplicar el PAN. Sí, en mayúscula, porque si bien la parábola bíblica habla de la multiplicación de los panes y los peces –no sería la primera vez que esto sucediera- el PAN tiene, en esta ocasión, un sabor distinto. Siguiendo la nota periodística de Cave[1], la visita del Jefe del Estado vaticano, tiene más allá de un objetivo misional y pastoral un objetivo político, estratégico que se torna creíble luego de que el Sumo se reuniera con el presidente Felipe Calderón y decidiera visitar lugares como León y Guanajuato y no metrópolis como Ciudad Juárez donde, atendiendo al comentario del poeta mexicano Homero Aridjis, citado por Cave, sí que resultan necesarios los ensalmos –si es que todavía creemos en los milagros- y el consuelo para todos los fieles católicos que sufren a diario la violencia. Escribe Cave: “Especialmente aquí, en México, observadores políticos han discutido durante meses que la oportunidad de su llegada – 14 semanas antes de las elecciones presidenciales – hace de la visita una empresa política con un objetivo partidista: reforzar al conservador Partido Acción Nacional, conocido como PAN, de Calderón, cuando se entra en plena temporada de campañas electorales”[2].
Multiplicar el PAN, sería una de las motivaciones. Y no suena tan descabellado o tan conspirativo: el efecto sobre los electores en términos de conciliar su fe con su decisión de cómo y por quién ser gobernados, es de antaño reconocido, aún en tiempos de la política secular e ilustrada que, supuestamente, practicamos. Lo cierto es que, en opinión de los analistas políticos citados por Cave, de la visita del Cardenal a México queda no sólo un claro mensaje pastoral (leí en algún lado que cerca del 80% de la población mexicana es católica), sino un mensaje político explícito: El socio natural del Vaticano, como en los tiempos del viejo testamento, es el PAN de Calderón:
Expertos dicen que la Iglesia también tiene un interés creado en mantener al PAN en el poder. Católicos conservadores fundaron al partido, y desde que ganó la presidencia en 2000, terminando con 71 años de regímenes del Partido Revolucionario Institucional, funcionarios del PAN y dirigentes católicos han llegado a depender uno del otro para tener el apoyo conservador en problemas sociales. La Iglesia también ha encontrado que el PAN es útil en su impulso por tener mayor libertad para agregar la educación religiosa en las escuelas públicas[3].
Pues bien, dejo la tesis a consideración del lector. La pregunta que queda ahora es acerca de la segunda escala del jefe de estado en el continente americano: Cuba. Visita que, de entrada, ni en la más ingenua de las posturas, cabría desconocer como política. Lo es en todo sentido: Como en el caso mexicano, es el encuentro de por lo menos dos jefes de Estado, y digo, al menos, pues, como saben, por estos días se encuentra en la Isla otro jefe de Estado, no propiamente en calidad de presidente, pero sí de paciente. Y ante dicha presencia los medios no ahorran en especulaciones: Benedicto XVI, ahora sí el Papa, el sumo pontífice, el representante del poder de los cielos, se reunirá con Chávez y derramará sobre él su bendición, posará sobre él su báculo. Paradoja: el viaje del Cardenal inicia poniendo de nuevo la lápida al marxismo y termina intentando obrar en milagro frente al socialismo del siglo XXI. Veremos si el ensalmo produce su efecto.
El caso es que la visita, decía, es política en todo sentido, pues no sólo el presidente Raúl Castro, recibió a su homólogo en el aeropuerto de Santiago de Cuba, sino porque la misión del cardenal, sobra decirlo, retoma la senda de Karol Wojtyla y de su manida consigna de finales de siglo XX: “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”. Lo dijo Ratzinger, en términos semejantes, de cambio, de apertura, esta vez frente a una virgen de bello nombre: la Virgen de la Caridad del Cobre. Mientras tanto el gobierno de la Isla, comentaba en reunión de ministros, que lo único que Cuba aceptaba como necesidad, era modificar y ajustar su modelo económico. Nada más, nada menos. Y era de esperarse ¿Quién tiene que hacerle caso al Papa?
El hecho es que mientras escribo estas notas, el Cardenal visita la plaza de la revolución en la Habana. Está de frente al monumento homenaje a Martí, frente al rostro en relieve del Ché. Y no lo digo por nostalgia, sino por aquello del “opio del pueblo”. El Papa está en la plaza de la revolución ¿o de la revelación? Y Fidel lo espera. A su vez la bloguera cubana Yoani Sánchez, denuncia que varios de sus compañeros y amigos periodistas se encuentran en arresto domiciliario con motivo de la visita, y trina: “#cuba Meten ciudadanos en calabozos como quienes ponen la basura bajo la alfombra, hasta que se vaya la visita #PapaCuba”[4], y trina: “#cuba La Plaza llena, los calabozos también #PapaCuba”.
[1] http://noticias.prodigy.msn.com/nyt/actualidad/harvard-business/articulo.aspx?cp-documentid=33030684
[2] Ibíd.
[3] Ibíd.
[4] https://twitter.com/#!/YOANISANCHEZ
